MERIENDA GRUPOS “BETANIA”, VIERNES 26 DE SEPTIEMBRE 2014
NIÑOS CONVOCADOS DE 5 A 6:30
JÓVENES QUE REALIZARÁN LA GYMKHANA, ESTAR A LAS 4:30 (para disfrazarse etc.)
1º De 5 A 5:10 aproximadamente, en el SALÓN SAN BONIFACIO, ACOGIDA por parte de los catequistas de Betania y/o los de 3º iniciación cristiana del curso pasado, y por parte de los preadolescentes y adolescentes jóvenes que ya están participando en los grupos Betania. Un catequista explica que vamos a pasar una tarde agradable de convivencia, pero a la vez tenemos una merienda con gymkhana sorpresa en el jardín, y distribuye a los niños en 5 grupos ya que 5 puestos tiene la gymkhana.
Se asigna a cada grupo un número, que es el número del puesto al que tienen que ir en cuanto entren en el jardín. Se les dice que cuando suene un silbato o se diga ¡CAMBIO! tienen que pasar al puesto del número siguiente.
2º De 5:10 a 5:50 aprox. en el JARDÍN, GYMKHANA. En cada prueba superada irán recibiendo la merienda. Se trata de que se lo pasen bien, pero con un matiz catequético.
En cada puesto del jardín estará uno de los personajes de las Crónicas de Narnia 1 y algunos jóvenes que harán las pruebas a los niños y les repartirán la merienda que tengan en su puesto. Se la van tomando allí hasta que toque cambio.
5 pruebas a 7 minutos cada una, son 35 minutos. Ponemos algo más de tiempo para el desplazamiento al salón.
3º De 5:50 a 6:25 aprox. en el SALÓN S. BONIFACIO, verán la batalla final de la película de las crónicas de Narnia, (poner vídeo desde el tiempo 1:48 –sale Peter de la tienda y se decide a dirigir la batalla sin el león- hasta 2:09 –los niños son coronados y el león marcha por la playa-, total 21 minutos).
Speech de César.
4º De 6:25 a 6:30 ORACIÓN FINAL, en el Salón San Bonifacio, breve, terminando con una canción que se sepa la mayoría, con guitarra. DESPEDIDA animando a que nos volvamos a ver en los grupos Betania.
DESARROLLO DE LA GYMKHANA EN CADA PUESTO DEL JARDÍN.
Saldrá un personaje de Narnia, bien caracterizado, explicando quién es etc. La prueba se relaciona con la explicación. Realizan la prueba que les pongan los jóvenes ayudantes, y si la superan reciben algo de la merienda. Esperarán a que suene un silbato o se diga ¡cambio! para cambiar al puesto siguiente.
LO QUE PUEDEN DECIR LOS PERSONAJES DE NARNIA (son unas ideas, cada personaje lo puede retocar a su manera, que quede simpático, y los niños sepan de qué va):
PUESTO 1, LUCY (se presenta de modo muy formal): ¡Soy Lucy Pebency! Y ¿vosotros? ¿quiénes sois? (dejar que los niños respondan).
Os voy a contar un secreto. Un día, jugando al escondite me metí en un armario y aparecí en un país donde la gente vivía en un invierno helado, sin esperanza, sin Navidad, sin amor, sin Dios. Hasta que llegó Aslam, el león bueno, y venció a todos sus enemigos en la gran batalla final.
Lucy significa “luz”, con la luz de la fe, podemos devolver la primavera a Narnia y la esperanza a todos los que la han perdido. Basta con saber que Dios gobierna en universo, nos cuida en cada momento y camina a nuestro lado. A través de 7 sacramentos Jesús nos transmite su propia vida para que consigamos vencer al mal a fuerza de bien.
Prueba: de uno en uno tenéis que escenificar el sacramento que yo os diga al oído, y los demás del grupo adivinarlo.
Si terminan pronto, que recojan hojas secas del suelo y las echen en una bolsa. Después darles la merienda de ese puesto.
PUESTO 2, LA BRUJA BLANCA (buenas palabras, pero todo mentira; es falsa y aduladora para utilizar a los demás; su castillo consiste en unas telas colgadas de una cuerda para que no vean que a los que entran les atan etc.):
Soy Jadis, la reina de Narnia. Con mi magia puedo hacer lo que queráis. Solamente yo puedo haceros felices. Como veo que sois unos niños muy especiales y me habéis caído muy bien, os quiero convertir en príncipes y hasta en reyes de Narnia.
Mientras tanto me gustaría que pasarais a mi castillo, donde hay cientos de habitaciones repletas de riquísimas delicias turcas y chuches. ¡Venid! (Intentará convencerlos para que pasen a su castillo, que se simboliza con unas telas colgadas; al otro lado, están sus ayudantes que cogerán a los niños que pasen adentro, les pondrán una tela en la boca para que no hablen, y colocándoles las manos atrás los atarán y les enchufarán con agua en la cara. Así permanecerán hasta que toque cambio, y se les dejará salir pero atados y amordazados, y avisados de que no lo digan a nadie para que piquen otros).
A lo que no han entrado al castillo, otros ayudantes les felicitarán por no dejarse engañar y les harán la prueba: La Virgen María es santísima y humilde, es decir, lo contrario de la bruja blanca; como no os habéis dejado engañar, pertenecéis al bando de María. Tenéis que cantar una canción que os sepáis de la Virgen, con coreografía incluida (si no saben ninguna que canten una canción religiosa cualquiera y la bailen).
Después les darán la merienda de su puesto, pero a los que entraron en el castillo, no.
PUESTO 3 EDMUND: Yo soy Edmund, tenía envidia de mi hermano mayor y fui desobediente. Quería ser rey de Narnia y comer muchas delicias turcas, por eso me fui con los malos y traicioné a mis hermanos Peter, Lucy y Susan. Pero ellos hicieron todo lo posible por salvarme y me perdonaron. En cambio los malos me pegaron, me encadenaron y querían matarme cuando ya no les fuera útil para apoderarse de Narnia. Tenía merecida la pena de muerte, pero otro murió en mi lugar… Mi consejo es que huyáis de malas compañías y que aunque alguna vez os portéis mal, que no os desaniméis; pedid perdón y volved a empezar.
Prueba: decir distintas formas de perdonar y de pedir perdón, sin usar las palabras “perdonar” y “perdón” (ej. Decir “lo siento” o “Ya pasó no le des más vueltas…”, o volver a ser su amigo…).
Como eso durará poco, y Edmund rompió un cristal con una pelota, hay que intentar encestar una pelota en una bolsa de plástico que sujetará uno de los jóvenes ayudantes; máximo 3 tiros cada participante. Y luego se les da la merienda.
PUESTO 4, TUMMUS: Soy Tummus, un fauno. La bruja me convirtió en una estatua de piedra porque no quise hacer algo muy malo, atrapar a Lucy y llevársela. Aposté por la libertad de Narnia y por el triunfo de la verdad y del bien.
Para poder llegar al campamento donde están los buenos, tenéis que atravesar el río sobre estas planchas de hielo (son 2 fundas de plástico una para cada pie, que tienen que ir moviendo para poder colocar el pie y avanzar). Haremos unas cuantas carreras de dos en dos, desde aquí hasta… ¡Preparados, listos, ya! (A los que hagan la carrera sin hacer trampas se les dará la merienda de ese puesto).
PUESTO 5, PETER: Soy Peter, hermano de Lucy, Edmund y Susan. No soy un héroe, tenía miedo y no me creía capaz de luchar y salvar Narnia. Pero por rescatar a mi hermano, y después ayudar a los habitantes de Narnia, me convertí en Sir Peter Pesadilla de los lobos, caballero de Narnia, y participé en la gran batalla. Cuando estaba a punto de ser aniquilado por el enemigo, Aslam me salvó. Todos estáis metidos en una gran batalla. Tenéis que decidir entre ser del ejército de la bruja blanca o del ejército del león bueno. Si decidís alistaros en el ejército del león Aslam sentiréis, como yo muchas veces lo sentí, que se os pide mucho y que no sois capaces, que es más fácil otro camino. Pero no es así, sólo se pide intentarlo con todas las fuerzas y donde tú no llegas Jesús te ayudará y lo conseguirás. Y al final, recibirás como yo “la corona merecida que no se marchita”.
Prueba: de dos en dos, entrenaros para la lucha con las espadas (sin romperlas), hay que intentar tocar la zona del corazón o de la tripa (si te tocan te eliminan, te dan la merienda si has combatido bien –no a lo bruto-, y otro combate en tu lugar) y no ser tocado. (Procurar que pasen todos la prueba e irles dando la merienda).
Vídeos de los tres años (MACRO-CONVIVENCIAS DIOCESIS GETAFE)
El león, la bruja y el armario hdettps://www.youtube.com/watch?v=7lJtaW00kT0
El príncipe Caspian https://www.youtube.com/watch?v=2zQqq41ITNI
La travesía del viajero del alba https://www.youtube.com/watch?v=mVd5hT0p9nU
jueves, 25 de septiembre de 2014
lunes, 9 de mayo de 2011
TEATRO CON VALORES DE NAVIDAD: LA POSADA DE ELÍAS
LA POSADA DE ELÍAS
El original es un cuento de Juan Antonio de la Iglesia, publicado por SM, colección Barco de Vapor. Puri Cruz ha tomado la idea de él y ha cambiado mucho el texto. Además le ha añadido más personajes, por lo cual es más factible para que lo puedan representar los niños de un colegio. Se ha representado en la Navidad pasada en un festival infantil de Navidad, con notable éxito, y dejando un mensaje navideño profundo.
Y esta versión es la que circula por la red
PERSONAJES
NARRADOR
ELÍAS
ESTHER
POSADERA
CRIADO 1
CRIADO 2
CRIADO 3
CRIADO 4
CRIADO 5
CRIADO 6
MERCADER
MELCHOR
GASPAR
BALTASAR
PAJE 1
PAJE 2
JOSÉ
MARÍA
ÁNGEL 1
ÁNGEL 2
EXTRAS: PAJES
NARRADOR. Hace muchos, muchísimos años y siglos también, en una aldea de Palestina, un hombre llamado Elías tenía una posada para los caminantes y viajeros.
Aquella helada noche de diciembre, Elías andaba ocupadísimo mientras su esposa Judit trabajaba en la cocina preparando la cena, ayudada por sus sirvientes.
La pequeña Esther, su hija, era la encargada de abrir la puerta y recibir a los viajeros.
POSADERO. ¡Vamos a trabajar! ¡Hay muchas cosas que hacer!
CRIADO 1. Yo traeré leña.
CRIADO 2. Yo prepararé el fuego.
CRIADO 3. Yo pondré manteles.
CRIADO 4. Yo llenaré las jarras.
CRIADO 5.Yo barreré el suelo.
POSADERA. ¡Alguien que me ayude en la cocina!
CRIADO 6. Yo te ayudaré, mi señora.
ESTHER. Yo calentaré el pan, mamá
POSADERO. ¡Eso, a trabajar todo el mundo!
NARRADOR. Así estaban todos de afanados y trabajadores, cuando unos golpes sonaron en la puerta.
MERCADER. ¿Se puede entrar?
POSADERO. Adelante, adelante.
NARRADOR. Era un rico mercader que venía de la ciudad de vender sus preciosas telas y joyas.
Elías le ayudó a descargar el resto de la mercancía y fue enseñando sus maravillosas telas traídas de Oriente. Después Elías mandó a sus criados que le sirvieran buen vino y suculenta cena. Lo que más le importaba era conseguir que gente rica e importante pasara y se alojara en su posada, pues así conseguiría buenos dinerillos.
Como ya había entrado la noche, el mercader decidió retirarse a su habitación a descansar. Fue entonces cuando...
(Suenan golpes en la puerta)
BALTASAR. ¡Abrid la puerta al rey Baltasar!
POSADERO. ¡Un rey en mi posada!
TODOS. ¡Un rey!
POSADERA. Abre la puerta, Esther.
NARRADOR. Era el rey Baltasar que con sus pajes había llegado a la posada para pasar la noche. El rey se dirigió a ellos diciendo:
BALTASAR. La paz sea con vosotros. Queremos habitación para descansar.
PAJE. Y agua para los camellos
NARRADOR. El posadero les hizo pasar. Mandó a los criados que llevaran agua a los camellos y a los demás les mandó preparar todo para que el rey se sintiera cómodo y contento.
Elías estaba entusiasmado pues nunca había tenido en su posada alguien tan importante, ¡seguro que le pagaría muy bien!
Prepararon platos, jarras de vino y calentaron las mejores habitaciones de la posada para que el rey y su séquito estuvieran confortables.
Estaban aún disfrutando de la suculenta cena, cuando de nuevo, fuertes golpes volvieron a sonar en la puerta.
MELCHOR. ¡Abrid la puerta al rey Melchor!
ELÍAS. ¡Otro rey!
TODOS. ¡Otro rey!
POSADERA. Corre, Esther, abre la puerta.
NARRADOR. Eran el rey Melchor que con sus pajes también habían decidido pasar la noche en la posada.
Elías estaba atónito, vio como los dos reyes se saludaban amigablemente. Se acercó a ellos y les preguntó que porqué había tanto rey viajando esa noche.
Melchor y Baltasar contaron que una estrella que habían descubierto en el cielo, les estaba guiando hasta donde nacería el rey del cielo y la tierra. Ellos la seguían para adorar a ese rey esperado.
Todos dejaron de trabajar para escuchar embobados esas palabras. Entonces Elías, pensando que eso era puro cuento, mandó a todos que se pusieran de nuevo a trabajar.
ELÍAS. ¡Vamos! ¡A trabajar! Hay mucho que hacer...
NARRADOR. Y era verdad, pues nunca había habido tanto huésped en la posada.
Todos se pusieron manos a la obra para que el rey Melchor y su séquito pudieran cenar y descansar.
Elías se dirigió a su mujer y a su hija y les dijo:
ELÍAS. No abráis la puerta a nadie, pues ya no tenemos habitación.
NARRADOR. Pero no había terminado de decir la frase, cuando por tercera vez, unos golpes sonaron tras la puerta.
GASPAR. ¡Abrid la puerta al rey Gaspar!
ELÍAS. ¡Otro rey!
TODOS. ¡Otro rey!
NARRADOR. No daban crédito a sus ojos cuando al abrir vieron aparecer a un tercer rey llamado Gaspar, acompañado de su séquito.
GASPAR. Estamos cansados, queremos descansar.
PAJE. Y agua para los camellos.
ELÍAS. Pasad, pasad.
NARRADOR. Toda la posada se convirtió en una gran algarabía. Nadie paraba, todos trabajaban.
POSADERA. Haré más comida.
CRIADO 1. Traeré más leña.
CRIADO 2. Daré agua a los camellos.
CRIADO 3. Pondré más manteles.
CRIADO 4. Yo llenaré más jarras.
ESTHER. Traeré más pan.
CRIADO 5. Yo ayudaré a mi señora.
CRIADO 6. Yo también.
ELÍAS. Yo me llenaré los bolsillos de mucho dinerito, ¡A trabajar!
NARRADOR. De pronto, Elías se dio cuenta de un gran problema; ¡No tenía habitación para el rey Gaspar! ¿Dónde dormirían?
¡Ah, ya está! Se acercó a su mujer y le dijo que el rey dormiría en su dormitorio, ella dormiría en la cocina y él se quedaría toda la noche en el salón para vigilar que nadie le robara.
Se lo comunicó al rey que junto con los demás, charlaban alegremente de aquella estrella que les había llevado hasta allí, de tan distinto lugar.
Todos se saludaban y disfrutaban de tan agradable noche.
Pero poco a poco, fue llegando el sueño y todos decidieron retirarse a descansar: el rey Baltasar, el rey Melchor, el rey Gaspar, los criados.
Sólo quedaba Esther, terminando de limpiar algunas mesas, y su padre, que no se cansaba de contar el dinero que le iban a pagar.
Elías le dijo a su hija:
ELÍAS. Voy a ver cómo están los camellos. No dejes entrar a nadie.
NARRADOR. Cuando se hubo marchado, unos suaves golpes sonaron en la puerta. Esther, pensando que era algún sirviente de algún rey, abrió sin pensar en la advertencia de su padre.
JOSÉ. Soy José y ella es María, venimos cansados.
ESTHER. No hay habitación.
MARÍA. Hemos hecho un largo camino y voy a ser madre.
ESTHER. No hay habitación.
JOSÉ. Por favor, no encontramos posada.
ESTHER. No hay habitación.
NARRADOR. Esther miró a la mujer que era joven y delicada como una flor. Eran pobres, pues llevaban ropas viejas y se les veía el rostro cansado. No se lo pensó más y les dejó pasar.
En esto apareció Elías, vio que su hija había dejado pasar a unos forasteros y se enojó con ella. Le recordó que le había advertido que no dejara pasar a nadie pues no había más habitaciones.
Después, mirando a los forasteros, les preguntó si tenían dinero. José y María negaron con la cabeza. Elías con tono severo les dijo:
ELÍAS. ¡¡¡¡¡¡Fuera!!!!!!!!
NARRADOR. Y se marchó a la cocina.
Esther estaba avergonzada por su padre, y antes de que José y María empezaran a retirarse, se acercó a ellos, les llamó, y les dijo que podían dormir en el establo. Sería mejor que dormir a la intemperie. Era lo único que podía ofrecerles.
MARÍA. Allí el niño estará bien.
JOSÉ. Gracias.
NARRADOR. Los esposos marcharon y Esther, muy triste por lo vivido, se retiró a la cocina para descansar junto a su madre.
Elías volvió al salón, comprobó que ya no estaban los forasteros. Se sentó en una mesa y feliz, se fue quedando dormido.
Pero, algo mágico empezó a suceder...
Aparece una fila de ángeles que rodean a Elías y se dirigen al establo.
Ante tal sonido angelical y pensando que aún soñaba, Elías fue abriendo los ojos. No daba crédito a lo que veía ¿Qué estaba pasando?
Siguió con la mirada como aquella fila de angelitos se dirigía a su cuadra. ¿Por qué?
Vio una gran estrella en el cielo. ¿Por qué?
Entonces recordó a aquellos viajeros y recordó lo que los Reyes habían dicho sobre la venida del Mesías.
¡Pero no podía ser! ¡En su establo!
¡Oh, no! ¡Él los había arrojado a la calle!
¡Esos forasteros eran...! ¡Oh, no!
Su esposa Judit y Esther también se habían despertado con tanto jaleo. Fueron a ver qué pasaba y vieron al niño. Pero también vieron a Elías llorando amargamente su egoísmo. Intentaron consolarle, intentaron llevarle para que viera al niño pero Elías se sentía tan avergonzado que sólo quería esconderse en el último rincón de la posada.
Fue entonces cuando pensó que lo mejor que podía hacer, para pedir perdón, era ofrecer a José y a María su preciada bolsa de dinero. Se lo entregaría todo y quizás así encontraría perdón a su culpa.
¡Pero él se quedaría sin nada!
¡No importa, así sea!
Decidido a marcharse a la cuadra vio como dos ángeles se le acercaban y le decían:
ÁNGEL 1. Guarda tu dinero.
ÁNGEL 2. El niño quiere tu perdón y un poquito de leche calentita.
NARRADOR. Así lo hizo. Cogió un cuenquito de leche que calentó con sus propias manos y aderezó con algunas de sus lágrimas, y se dirigió al portal donde todos le esperaban sabiendo que había recibido una maravillosa lección.
Después fueron llegando todos los huéspedes de la posada. Todos muy felices entregaron sus mejores presentes.
¿Y tú, Elías de hoy? ¿No quieres hacerle algún regalo?
El original es un cuento de Juan Antonio de la Iglesia, publicado por SM, colección Barco de Vapor. Puri Cruz ha tomado la idea de él y ha cambiado mucho el texto. Además le ha añadido más personajes, por lo cual es más factible para que lo puedan representar los niños de un colegio. Se ha representado en la Navidad pasada en un festival infantil de Navidad, con notable éxito, y dejando un mensaje navideño profundo.
Y esta versión es la que circula por la red
PERSONAJES
ELÍAS
ESTHER
POSADERA
CRIADO 1
CRIADO 2
CRIADO 3
CRIADO 4
CRIADO 5
CRIADO 6
MERCADER
MELCHOR
GASPAR
BALTASAR
PAJE 1
PAJE 2
JOSÉ
MARÍA
ÁNGEL 1
ÁNGEL 2
EXTRAS: PAJES
NARRADOR. Hace muchos, muchísimos años y siglos también, en una aldea de Palestina, un hombre llamado Elías tenía una posada para los caminantes y viajeros.
Aquella helada noche de diciembre, Elías andaba ocupadísimo mientras su esposa Judit trabajaba en la cocina preparando la cena, ayudada por sus sirvientes.
La pequeña Esther, su hija, era la encargada de abrir la puerta y recibir a los viajeros.
POSADERO. ¡Vamos a trabajar! ¡Hay muchas cosas que hacer!
CRIADO 1. Yo traeré leña.
CRIADO 2. Yo prepararé el fuego.
CRIADO 3. Yo pondré manteles.
CRIADO 4. Yo llenaré las jarras.
CRIADO 5.Yo barreré el suelo.
POSADERA. ¡Alguien que me ayude en la cocina!
CRIADO 6. Yo te ayudaré, mi señora.
ESTHER. Yo calentaré el pan, mamá
POSADERO. ¡Eso, a trabajar todo el mundo!
NARRADOR. Así estaban todos de afanados y trabajadores, cuando unos golpes sonaron en la puerta.
MERCADER. ¿Se puede entrar?
POSADERO. Adelante, adelante.
NARRADOR. Era un rico mercader que venía de la ciudad de vender sus preciosas telas y joyas.
Elías le ayudó a descargar el resto de la mercancía y fue enseñando sus maravillosas telas traídas de Oriente. Después Elías mandó a sus criados que le sirvieran buen vino y suculenta cena. Lo que más le importaba era conseguir que gente rica e importante pasara y se alojara en su posada, pues así conseguiría buenos dinerillos.
Como ya había entrado la noche, el mercader decidió retirarse a su habitación a descansar. Fue entonces cuando...
(Suenan golpes en la puerta)
BALTASAR. ¡Abrid la puerta al rey Baltasar!
POSADERO. ¡Un rey en mi posada!
TODOS. ¡Un rey!
POSADERA. Abre la puerta, Esther.
NARRADOR. Era el rey Baltasar que con sus pajes había llegado a la posada para pasar la noche. El rey se dirigió a ellos diciendo:
BALTASAR. La paz sea con vosotros. Queremos habitación para descansar.
PAJE. Y agua para los camellos
NARRADOR. El posadero les hizo pasar. Mandó a los criados que llevaran agua a los camellos y a los demás les mandó preparar todo para que el rey se sintiera cómodo y contento.
Elías estaba entusiasmado pues nunca había tenido en su posada alguien tan importante, ¡seguro que le pagaría muy bien!
Prepararon platos, jarras de vino y calentaron las mejores habitaciones de la posada para que el rey y su séquito estuvieran confortables.
Estaban aún disfrutando de la suculenta cena, cuando de nuevo, fuertes golpes volvieron a sonar en la puerta.
MELCHOR. ¡Abrid la puerta al rey Melchor!
ELÍAS. ¡Otro rey!
TODOS. ¡Otro rey!
POSADERA. Corre, Esther, abre la puerta.
NARRADOR. Eran el rey Melchor que con sus pajes también habían decidido pasar la noche en la posada.
Elías estaba atónito, vio como los dos reyes se saludaban amigablemente. Se acercó a ellos y les preguntó que porqué había tanto rey viajando esa noche.
Melchor y Baltasar contaron que una estrella que habían descubierto en el cielo, les estaba guiando hasta donde nacería el rey del cielo y la tierra. Ellos la seguían para adorar a ese rey esperado.
Todos dejaron de trabajar para escuchar embobados esas palabras. Entonces Elías, pensando que eso era puro cuento, mandó a todos que se pusieran de nuevo a trabajar.
ELÍAS. ¡Vamos! ¡A trabajar! Hay mucho que hacer...
NARRADOR. Y era verdad, pues nunca había habido tanto huésped en la posada.
Todos se pusieron manos a la obra para que el rey Melchor y su séquito pudieran cenar y descansar.
Elías se dirigió a su mujer y a su hija y les dijo:
ELÍAS. No abráis la puerta a nadie, pues ya no tenemos habitación.
NARRADOR. Pero no había terminado de decir la frase, cuando por tercera vez, unos golpes sonaron tras la puerta.
GASPAR. ¡Abrid la puerta al rey Gaspar!
ELÍAS. ¡Otro rey!
TODOS. ¡Otro rey!
NARRADOR. No daban crédito a sus ojos cuando al abrir vieron aparecer a un tercer rey llamado Gaspar, acompañado de su séquito.
GASPAR. Estamos cansados, queremos descansar.
PAJE. Y agua para los camellos.
ELÍAS. Pasad, pasad.
NARRADOR. Toda la posada se convirtió en una gran algarabía. Nadie paraba, todos trabajaban.
POSADERA. Haré más comida.
CRIADO 1. Traeré más leña.
CRIADO 2. Daré agua a los camellos.
CRIADO 3. Pondré más manteles.
CRIADO 4. Yo llenaré más jarras.
ESTHER. Traeré más pan.
CRIADO 5. Yo ayudaré a mi señora.
CRIADO 6. Yo también.
ELÍAS. Yo me llenaré los bolsillos de mucho dinerito, ¡A trabajar!
NARRADOR. De pronto, Elías se dio cuenta de un gran problema; ¡No tenía habitación para el rey Gaspar! ¿Dónde dormirían?
¡Ah, ya está! Se acercó a su mujer y le dijo que el rey dormiría en su dormitorio, ella dormiría en la cocina y él se quedaría toda la noche en el salón para vigilar que nadie le robara.
Se lo comunicó al rey que junto con los demás, charlaban alegremente de aquella estrella que les había llevado hasta allí, de tan distinto lugar.
Todos se saludaban y disfrutaban de tan agradable noche.
Pero poco a poco, fue llegando el sueño y todos decidieron retirarse a descansar: el rey Baltasar, el rey Melchor, el rey Gaspar, los criados.
Sólo quedaba Esther, terminando de limpiar algunas mesas, y su padre, que no se cansaba de contar el dinero que le iban a pagar.
Elías le dijo a su hija:
ELÍAS. Voy a ver cómo están los camellos. No dejes entrar a nadie.
NARRADOR. Cuando se hubo marchado, unos suaves golpes sonaron en la puerta. Esther, pensando que era algún sirviente de algún rey, abrió sin pensar en la advertencia de su padre.
JOSÉ. Soy José y ella es María, venimos cansados.
ESTHER. No hay habitación.
MARÍA. Hemos hecho un largo camino y voy a ser madre.
ESTHER. No hay habitación.
JOSÉ. Por favor, no encontramos posada.
ESTHER. No hay habitación.
NARRADOR. Esther miró a la mujer que era joven y delicada como una flor. Eran pobres, pues llevaban ropas viejas y se les veía el rostro cansado. No se lo pensó más y les dejó pasar.
En esto apareció Elías, vio que su hija había dejado pasar a unos forasteros y se enojó con ella. Le recordó que le había advertido que no dejara pasar a nadie pues no había más habitaciones.
Después, mirando a los forasteros, les preguntó si tenían dinero. José y María negaron con la cabeza. Elías con tono severo les dijo:
ELÍAS. ¡¡¡¡¡¡Fuera!!!!!!!!
NARRADOR. Y se marchó a la cocina.
Esther estaba avergonzada por su padre, y antes de que José y María empezaran a retirarse, se acercó a ellos, les llamó, y les dijo que podían dormir en el establo. Sería mejor que dormir a la intemperie. Era lo único que podía ofrecerles.
MARÍA. Allí el niño estará bien.
JOSÉ. Gracias.
NARRADOR. Los esposos marcharon y Esther, muy triste por lo vivido, se retiró a la cocina para descansar junto a su madre.
Elías volvió al salón, comprobó que ya no estaban los forasteros. Se sentó en una mesa y feliz, se fue quedando dormido.
Pero, algo mágico empezó a suceder...
Aparece una fila de ángeles que rodean a Elías y se dirigen al establo.
Ante tal sonido angelical y pensando que aún soñaba, Elías fue abriendo los ojos. No daba crédito a lo que veía ¿Qué estaba pasando?
Siguió con la mirada como aquella fila de angelitos se dirigía a su cuadra. ¿Por qué?
Vio una gran estrella en el cielo. ¿Por qué?
Entonces recordó a aquellos viajeros y recordó lo que los Reyes habían dicho sobre la venida del Mesías.
¡Pero no podía ser! ¡En su establo!
¡Oh, no! ¡Él los había arrojado a la calle!
¡Esos forasteros eran...! ¡Oh, no!
Su esposa Judit y Esther también se habían despertado con tanto jaleo. Fueron a ver qué pasaba y vieron al niño. Pero también vieron a Elías llorando amargamente su egoísmo. Intentaron consolarle, intentaron llevarle para que viera al niño pero Elías se sentía tan avergonzado que sólo quería esconderse en el último rincón de la posada.
Fue entonces cuando pensó que lo mejor que podía hacer, para pedir perdón, era ofrecer a José y a María su preciada bolsa de dinero. Se lo entregaría todo y quizás así encontraría perdón a su culpa.
¡Pero él se quedaría sin nada!
¡No importa, así sea!
Decidido a marcharse a la cuadra vio como dos ángeles se le acercaban y le decían:
ÁNGEL 1. Guarda tu dinero.
ÁNGEL 2. El niño quiere tu perdón y un poquito de leche calentita.
NARRADOR. Así lo hizo. Cogió un cuenquito de leche que calentó con sus propias manos y aderezó con algunas de sus lágrimas, y se dirigió al portal donde todos le esperaban sabiendo que había recibido una maravillosa lección.
Después fueron llegando todos los huéspedes de la posada. Todos muy felices entregaron sus mejores presentes.
¿Y tú, Elías de hoy? ¿No quieres hacerle algún regalo?
miércoles, 3 de noviembre de 2010
TEATRO CON VALORES: NAVIDAD EN EL CIELO
OBRA DE TEATRO 1
San José y ahora en su oficina central celestial, se ocupa de dar los últimos retoques a esta obra maestra de la bondad, la sabiduría y la omnipotencia divina: el nacimiento del Verbo Encarnado.
Música………….
- Gabriel.- ¿Todo en marcha, secretario?
- Secretario.- Faltan algunos detalles, Gabriel, pero vaya… desde luego si el Señor nos dejara mano suelta, muchas cosas más haríamos.
- Gabriel.- Ya sabes sus órdenes, el Mesías ha de nacer humilde y pobre. Pero nosotros los ángeles, toca hacer esta pobreza y esta humildad lo más llevadera posible. ¿Acaso no está escrito: “a sus ángeles te encomendará para que te lleven en la palma de la mano?
Teléfono.-
- Secretario.- Dígame…aquí la oficina central de la Encarnación…¿con Gabriel…? ¿De parte de quién…? Un momentito (Bajando la voz) conferencia con el Seno de Abraham. El Profeta Isaías al aparato.
- Gabriel.- Ah, Isaías. Sí, soy Gabriel. Diga, diga…Sí, sí, todo está dispuesto para la llegada del Mesías. Por supuesto… Sí los montes rebajados y los valles terraplenados; tenemos nuevos ingenieros en el Cielo, señor Isaías. No se preocupe, el Mesías puede llegar cuando guste; aquí estamos los ángeles para cuidar de todo. No, no, ninguna molestia. Dispongan… Sí, sí les avisaremos inmediatamente.
- Secretario.- ¡Gabriel, Gabriel!, gran noticia, Miguel acaba de llegar de la tierra.
- Gabriel.- ¡Gracias a Dios! Que pase, que pase… Ahora sólo falta que regrese Rafael.
- Miguel.- Querido Gabriel.
- Gabriel.- ¡Miguel querido! Bienvenido: no sabes cuánto te hemos echado de menos durante estos nueve meses.
- Miguel.-Y yo a vosotros. Figúrate… desterrado en la Tierra, cazando demonios…¡Ufff! Pero… ya los tengo a todos acuartelados, les he suprimido todos los permisos hasta pasadas las Pascuas.
- Gabriel.- Los tienes en un puño, no sé cómo te las arreglas.
- Miguel.- Es mi oficio. Sé manejarlos. Tú comprenderás que no iba a consentir que esta noche anduviera un diablo suelto por la Tierra, siquiera esta noche ¡PAZ!
(Se abre una puerta y se oye el coro ensayando: “Gloria a Dios”)
- Gabriel.- (Impaciente) ¡Cerrad la puerta!
- Miguel.- Oye, era bonito lo que cantaba la escola.
- Gabriel.- Si llevaras nueve meses oyéndolo como yo…
- Miguel.- ¿Nueve meses?
- Gabriel.- Poco más o menos. Desde la Encarnación. Son los que han de ir a anunciar la Buena Nueva esta noche. Pero no sé lo que les pasa…Yo creo que a fuerza de ensayar lo estropean.
- Miguel.- Estarán nerviosos.
- Gabriel.- ¡Toma, lo estamos todos! Como esto dure un poco más, acabaremos desplumados.
- Teléfono
- Secretario.- Dígame… ¿Con el Director General de la Encarnación? Un momento. Un momento. A ver…¿de parte de quién?... (más bajito) Conferencia con el Seno de Abraham; Daniel al aparato.
- Gabriel.- Estos del limbo están nerviosísimos esperando…
- Gabriel.- ¡Dígame!... ¡Ah! ¿eres tú, Daniel? Sí, ya nos conocemos, hombre. ¿No te acuerdas cuando me aparecí a ti de pie sobre las aguas del Tigres? … Pues claro que era yo, hombre..Bueno, ¿qué pasa?...¿Qué? ¿Qué se está retrasando el nacimiento del Mesías? No, señor, no, yo te dije setenta semanas de años… Pues has contado mal…Faltan todavía dos horas largas… No fastidies, hombre, que tenemos muchas cosas que hacer todavía. Vamos, veo que siguen a orillas del Tigres. Adiós que me están esperando. Otro día hablaremos despacio de eso. Adiós (cuelga) ¡Caramba qué pesado!
- Miguel.- Daniel ¿el profeta?
- Gabriel.- El mismo. Ahora me explico cómo los leones no quisieron comérselo; se les habría indigestado.
Teléfono
- Gabriel.-¡Dichoso teléfono, no me da ni tiempo de soltarle! A ver, ¿quién es? ¿Ardoroso? Sí, yo mismo…¿qué pasa?¡Que en Belén está haciendo mucho frío? Bueno, y qué. ¡Ah!... Claro, sí, no caía: el Niño se nos helaría… Tres bajo cero. No, no puede ser. De ninguna manera! Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer…¿No eres tú el ángel calefactor? A ver si tengo que enseñarte tu oficio.
Música o canta el coro: “Gloria a Dios en las alturas”
- Gabriel.- (nervioso) ¡Cerrad las puertas! No te digo a ti, Ardoroso…¡¡Por Dios, no veis que estoy llamando por teléfono?!...¡No se oye nada! Te estaba diciendo, Ardoroso, que esa pega ya la podías haber solucionado tú solo, sin decirme nada. Hazte cargo de que yo no puedo estar en todo. ¡Hala! Espabílate. Te llegas al sol y le das un toquecito a la Tierra, pero no mucho. ¿Eh? Cuidadito no vaya a achicharrarse el mundo entero. Bueno, ¡adiós!
- Miguel.- ¡Canastos! ¡Estoy viendo que eso de ser director General de la Encarnación no es tan sencillo como creía!...Yo que llegué a tener cierta pelusilla…
- Gabriel.- ¿Pelusilla? ¿Por qué?
- Miguel.- Ya puedes figurártelo: por haber conocido a la Señora antes que nadie…
- Gabriel.- ¿Conocerla?..y hablarla…y oírla…¡Oh, Miguel, razón tienes para envidiarme!
- Miguel.- Anda, sé bueno: háblame de Ella. ¿No ves que siempre ando entre demonios? ¿No te doy lástima?
- Rafael.- Yo también podré hablarte de Ella, Miguel.
- Miguel.- ¡Rafael, te estábamos esperando!
- Gabriel.- Siéntate estarás cansado.
- Rafael.- No, ya sabéis, ¡soy un buen caminante! Y esta vez he andado en tan buena compañía que el camino se me ha hecho corto.
- Miguel.- ¿A quién has acompañado?
- Rafael.- ¡Ah! Pero ¿no lo sabes?, vengo de dar escolta a la Señora y a San José desde Nazaret a Belén.
- Miguel.- Vamos, otro que tiene suerte! Estos sí que son encargos que da gusto cumplir.
- Rafael.- ¡Y que lo digas! El mejor viaje que he hecho en mi vida de trotamundos. Yo que he acompañado a tantísimos caminantes, no me había dado cuenta hasta ahora de lo hermosa que es mi misión. Ella me lo ha hecho comprender. He aprendido tantas cosas de Ella durante el camino…¡demasiado corto ha sido! Acabo de despedirme de Ella a las puertas de Belén, como me lo ordenaste , Gabriel.
- Gabriel.- Sí, allí el Ángel Hospedero, aposentador se ha encargado de buscarla alojamiento. Modesto, pero digno, donde pueda nacer el Mesías sin desdoro.
- Miguel.- Tengo hambre de oírte hablar de Ella, Rafael, cuenta, …cuenta…
- Rafael.- ¡Hablar de Ella? ¡Qué más quisiera yo! Pero no sé… no es posible: nuestro tosco lenguaje de ángeles no tiene palabras bastante altas y puras para hablar de Ella. ¡Qué reina vamos a tener los ángeles!
- Locutor.- Los tres arcángeles se extasían hablando de la Señor, que como la aurora acaba de atravesar los campos de Galilea y las montañas de Judea, llevando al sol en su seno… pero el timbre del teléfono se encarga de volverlos a la realidad.
- Teléfono.- Rin, Rin…
- Gabriel.- Coge el teléfono, Secretario. Si son los del seno de Abraham diles que…no estoy, ¡que tomen tila!
- Secretario.- Dígame…sí…no…está ocupado en este momento…¿Con quién tengo el honor de..? ¡Con el rey David! Caramba, tanto gusto, Majestad; permita que le felicite; soy un entusiasta de los salmos; los leo todas las noches antes de acostarme…sí…sí.
¿Cómo? ¡Que si hemos tenido en cuenta el salmo 71? Ya lo creo que sí: “los Reyes de Tarsis y los de las islas de Saba, le ofrecerán dones; los reyes de Tarsis y los de las islas de Arabia traerán presentes”. Sí, sí; todos están avisados, y el Faraón y el César de Roma del que no se hablaba todavía en tiempo de su Majestad…Sí, sí, todo está previsto. Hemos mandado a Rafael veloz, nuestro mejor mensajero, no faltará ninguno a los pies del Mesías, Majestad.
- Gabriel.- Vaya el rey David, también tiene miedo de que su profecía quede sin cumplir. ¡Cómo está hoy el limbo!
- Secretario.- Gracias a que no he olvidado nada, porque sino esta gente nos monda.
- Teléfono.- Rin. Rin
- Secretario.- Dígame…sí..¡Ah! eres tú (cambiando el tono) Es Rafael veloz, Gabriel, llama desde Roma.
- Gabriel.- Dime, dime, quiero hablar con él. Dime: sí, soy Gabriel. ¿Están todos avisados? ¿Qué? No es posible…¿Pero ninguno? ¡Qué barbaridad!...Vamos, vamos… Sí, sí,… nada, nada…no es culpa tuya…qué vamos a hacer, vuelve enseguida.
- Rafael y Miguel.- ..¿Qué pasa?
- Gabriel.- Pues nada, que no habrá ni un príncipe, ni un rey, ni un poderoso de la tierra que se acerque hoy a adorar al Mesías. ¿Queréis creer que nadie le ha hecho caso? ¡Se han reído de él!
- Miguel.- ¡Idiotas, mentecatos! Voy ahora mismo a exterminarlos.
- Gabriel.- No,…calma. La verdad es que…el Señor no me había dado órdenes de avisarlos. Lo hice por mi cuenta. Me daba pena que sólo hubiera rústicos pastores junto a la cuna. Pero por lo visto, así tenía que ser. Sólo tres reyezuelos de un país de Oriente han escuchado el mensaje que Ráfaga veloz ha hecho llegar por medio de una estrella. Estos se han puesto en camino para adorar al Niño, pero están tan lejos, tan lejos, que tardarán lo menos dos años en llegar.
- Rafael.- ¡Qué lástima! ¿Quieres que vaya a su encuentro y les facilite el camino?
- Gabriel.- No, no, déjalos. No puedes ausentarte ahora. Dios Padre y Dios Espíritu Santo están de retiro esperando el nacimiento de Dios hecho hombre. En cuanto nazca el Señor, nos convencerá a todos para anunciar la feliz nueva. Mientras tanto, vamos a reunirnos los tres en nuestra habitación para ultimar detalles… (cantan a coro).
- Gabriel.- (Chillando) ¡Cerrad las puertas! Vamos. Aquí no se puede hablar. Atiende el teléfono, Secretario.
- Secretario.- Bien.
- Gabriel.- Resuelve tú mismo los casos que se presenten. Como no sea algo importante no me llames, por favor. Mándame a Ana a mi habitación.
- Miguel.- ¿Ana?
- Gabriel.- Es Anastasio, pero le llamamos Ana para simplificar. Es mi ángel de confianza, ¿recuerdas?
- Miguel.- ¡Ah! Ya caigo.
- Locutor.- Son las once de la noche. Los tres arcángeles reunidos, dan los últimos toques al plan de la primera Nochebuena. En cuanto el Señor le haya dirigido el mensaje de Navidad, saldrá la escola a cantar el “Gloria Dios en las alturas”…sobre los campos de Belén, para avisar a los pastores del nacimiento del Mesías. Al mismo tiempo bajará el primer coro de ángeles para adorar al Niño. Los demás coros irán bajando por turnos. (Golpes a la puerta).
- Gabriel.- Bueno, se acabó la paz. Pasa.
- Secretario.- Perdona, Gabriel, pero he creído necesario traértelo en seguida.
- Gabriel.- ¿Qué pasa?
- Secretario.- Un telegrama urgente de Belén.
- Gabriel.- Será ángel aposentador. ¿Por qué no habrá llamado por teléfono?
- Secretario.- Las líneas están ocupadas. Hay dos horas de demora con Belén. No sé que ocurre.
- Gabriel.- (Leyendo) Afluencia imprevista de forasteros, empadronamientos. Stop. Espero instrucciones.
- Gabriel.- ¡Válgame Dios! En una cueva.
- Miguel.- Imposible, no podemos consentirlo. El Mesías no puede nacer en una cueva.
- Rafael.- ¡Jamás! Ese aposentador es un memo. No ha sabido espabilarse. Bajo yo un momento y los encuentro posada en menos que canta un gallo. ¿Quieres?
- Gabriel.- Espera… No sé… no veo claro, todos nuestros planes fracasan… Estoy adivinando en todo esto una misteriosa voluntad, superior a la nuestra… ¡convendrá tal vez que así suceda!
- Miguel.- ¡Quién sabe!... pero por lo menos, se nos permitirá adorar y adecentar ese mísero cobijo.
- Gabriel.- Tienes razón, Miguel. Esto es lo que nos toca hacer. Pronto, Secretario, dile a Ana que se las arregla con quien quiera, que saque gente de donde pueda, pero que mande inmediatamente cinco o seis coros de ángeles a Belén, para limpiar y adecentar la gruta en que va a nacer el Mesías. Él puede hacer maravillas, si quiere, en una hora.
(Barullo de voces afuera)
- Secretario.- Son Saltarín y Alborada, que vienen de la Tierra afectadísimos.
- Saltarín y Alborada.- (Entrando) ¡Gabriel, Gabriel! ¡Ya ha nacido el Mesías! ¡Acaba de nacer el Mesías!
- Gabriel.- ¡qué disparate estáis diciendo criaturas!
- Miguel.- Si no es la hora todavía; son las once y diez.
- Saltarín y Alborada.- ¡Que ha nacido! ¡Que ha nacido! ¡Lo hemos visto nosotros!
- Gabriel.- No habléis los dos a la vez. Uno sólo.
- Saltarín.- Nos habían mandado a Alborada y a mí a fregar estrellas…
- Alborada.- Y ya estábamos cansados de tanto sacar brillo…
- Saltarín.- Entonces se nos ha ocurrido hacer una escapadita hasta Belén para ver los preparativos del Nacimiento…
- Fregoteo.- Sin permiso ¿eh?
- Saltarín.- Perdona, Fregoteo… fue sin mala intención.
- Gabriel.- Bueno, terminad.
- Saltarín.- Pues en cuanto hemos llegado a Belén, nos encontramos al Ángel aposentador llorando a la entrada de una cueva.
- Alborada.- Así, así (imitando un sollozo) El pobre no podía decirnos lo que pasaba.
- Gabriel.- Pero, bueno, ¿qué pasaba? ¡Terminad de una vez!
- Saltarín.- Toma, pues eso, que acaba de nacer el Mesías en una cueva de gitanos.
- Alborada.- Nosotros lo hemos visto por una rendijita, ¿verdad? ¡Más bonito! Parecía una amapola en medio del heno.
- Gabriel.- Pero si no puede ser… no puede ser y no puede ser. Según las profecías tenía que nacer al filo de la medianoche.
- Alborada.- ¡Ah! ¿Pero es que no sabes que en Belén van a la hora oficial? Allí son las doce y cuarto.
- Saltarín.- ¡Y como el Verbo nace para dar a los hombres ejemplo de su obediencia en todo!
- Gabriel.- ¡Rayos del Sinaí! Ya podían haberme recordado este detalle los meticulosos soñadores del seno de Abraham. ¡La hora oficial! ¡Invento del demonio!Rafael.- Esto es aplastante. ¡Nacer el Mesías en una covacha!
- Alborada.- ¡Llena de telarañas!
- Todos.- ¡Horror!
- Saltarín.- ¡Y de estiércol!
- Todos.- ¡Horror!
- Alborada.- Entre un buey y una mula.
- Todos.- ¡Horror!
- Saltarín.- Sin más compañía que una bendita madre, el buen San José y…
- Todos.- ¡Horror! ¡Horror! ¡Horror!
- Rafael.- ¡Qué fracaso!
- Miguel.- ¿Qué dirá el Señor cuando se entere?
- Locutor.- Por supuesto el Señor estaba enterado ya, y cuando, minutos más tarde convocaba a toda la corte angélica en el gran salón del Trono y Gabriel, vencido y humillado, se postraba a sus pies, confesando el más inútil de los directores generales, el Señor se levantó benévolamente y sonriendo le decía: “Levántate, Gabriel, y no temas. Todo ha sucedido según mi voluntad incomprensible para ti. Mis caminos no son tus caminos, ni tus pensamientos los míos! Por muy arcángel que seas, Gabriel.
FIN
San José y ahora en su oficina central celestial, se ocupa de dar los últimos retoques a esta obra maestra de la bondad, la sabiduría y la omnipotencia divina: el nacimiento del Verbo Encarnado.
Música………….
- Gabriel.- ¿Todo en marcha, secretario?
- Secretario.- Faltan algunos detalles, Gabriel, pero vaya… desde luego si el Señor nos dejara mano suelta, muchas cosas más haríamos.
- Gabriel.- Ya sabes sus órdenes, el Mesías ha de nacer humilde y pobre. Pero nosotros los ángeles, toca hacer esta pobreza y esta humildad lo más llevadera posible. ¿Acaso no está escrito: “a sus ángeles te encomendará para que te lleven en la palma de la mano?
Teléfono.-
- Secretario.- Dígame…aquí la oficina central de la Encarnación…¿con Gabriel…? ¿De parte de quién…? Un momentito (Bajando la voz) conferencia con el Seno de Abraham. El Profeta Isaías al aparato.
- Gabriel.- Ah, Isaías. Sí, soy Gabriel. Diga, diga…Sí, sí, todo está dispuesto para la llegada del Mesías. Por supuesto… Sí los montes rebajados y los valles terraplenados; tenemos nuevos ingenieros en el Cielo, señor Isaías. No se preocupe, el Mesías puede llegar cuando guste; aquí estamos los ángeles para cuidar de todo. No, no, ninguna molestia. Dispongan… Sí, sí les avisaremos inmediatamente.
- Secretario.- ¡Gabriel, Gabriel!, gran noticia, Miguel acaba de llegar de la tierra.
- Gabriel.- ¡Gracias a Dios! Que pase, que pase… Ahora sólo falta que regrese Rafael.
- Miguel.- Querido Gabriel.
- Gabriel.- ¡Miguel querido! Bienvenido: no sabes cuánto te hemos echado de menos durante estos nueve meses.
- Miguel.-Y yo a vosotros. Figúrate… desterrado en la Tierra, cazando demonios…¡Ufff! Pero… ya los tengo a todos acuartelados, les he suprimido todos los permisos hasta pasadas las Pascuas.
- Gabriel.- Los tienes en un puño, no sé cómo te las arreglas.
- Miguel.- Es mi oficio. Sé manejarlos. Tú comprenderás que no iba a consentir que esta noche anduviera un diablo suelto por la Tierra, siquiera esta noche ¡PAZ!
(Se abre una puerta y se oye el coro ensayando: “Gloria a Dios”)
- Gabriel.- (Impaciente) ¡Cerrad la puerta!
- Miguel.- Oye, era bonito lo que cantaba la escola.
- Gabriel.- Si llevaras nueve meses oyéndolo como yo…
- Miguel.- ¿Nueve meses?
- Gabriel.- Poco más o menos. Desde la Encarnación. Son los que han de ir a anunciar la Buena Nueva esta noche. Pero no sé lo que les pasa…Yo creo que a fuerza de ensayar lo estropean.
- Miguel.- Estarán nerviosos.
- Gabriel.- ¡Toma, lo estamos todos! Como esto dure un poco más, acabaremos desplumados.
- Teléfono
- Secretario.- Dígame… ¿Con el Director General de la Encarnación? Un momento. Un momento. A ver…¿de parte de quién?... (más bajito) Conferencia con el Seno de Abraham; Daniel al aparato.
- Gabriel.- Estos del limbo están nerviosísimos esperando…
- Gabriel.- ¡Dígame!... ¡Ah! ¿eres tú, Daniel? Sí, ya nos conocemos, hombre. ¿No te acuerdas cuando me aparecí a ti de pie sobre las aguas del Tigres? … Pues claro que era yo, hombre..Bueno, ¿qué pasa?...¿Qué? ¿Qué se está retrasando el nacimiento del Mesías? No, señor, no, yo te dije setenta semanas de años… Pues has contado mal…Faltan todavía dos horas largas… No fastidies, hombre, que tenemos muchas cosas que hacer todavía. Vamos, veo que siguen a orillas del Tigres. Adiós que me están esperando. Otro día hablaremos despacio de eso. Adiós (cuelga) ¡Caramba qué pesado!
- Miguel.- Daniel ¿el profeta?
- Gabriel.- El mismo. Ahora me explico cómo los leones no quisieron comérselo; se les habría indigestado.
Teléfono
- Gabriel.-¡Dichoso teléfono, no me da ni tiempo de soltarle! A ver, ¿quién es? ¿Ardoroso? Sí, yo mismo…¿qué pasa?¡Que en Belén está haciendo mucho frío? Bueno, y qué. ¡Ah!... Claro, sí, no caía: el Niño se nos helaría… Tres bajo cero. No, no puede ser. De ninguna manera! Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer…¿No eres tú el ángel calefactor? A ver si tengo que enseñarte tu oficio.
Música o canta el coro: “Gloria a Dios en las alturas”
- Gabriel.- (nervioso) ¡Cerrad las puertas! No te digo a ti, Ardoroso…¡¡Por Dios, no veis que estoy llamando por teléfono?!...¡No se oye nada! Te estaba diciendo, Ardoroso, que esa pega ya la podías haber solucionado tú solo, sin decirme nada. Hazte cargo de que yo no puedo estar en todo. ¡Hala! Espabílate. Te llegas al sol y le das un toquecito a la Tierra, pero no mucho. ¿Eh? Cuidadito no vaya a achicharrarse el mundo entero. Bueno, ¡adiós!
- Miguel.- ¡Canastos! ¡Estoy viendo que eso de ser director General de la Encarnación no es tan sencillo como creía!...Yo que llegué a tener cierta pelusilla…
- Gabriel.- ¿Pelusilla? ¿Por qué?
- Miguel.- Ya puedes figurártelo: por haber conocido a la Señora antes que nadie…
- Gabriel.- ¿Conocerla?..y hablarla…y oírla…¡Oh, Miguel, razón tienes para envidiarme!
- Miguel.- Anda, sé bueno: háblame de Ella. ¿No ves que siempre ando entre demonios? ¿No te doy lástima?
- Rafael.- Yo también podré hablarte de Ella, Miguel.
- Miguel.- ¡Rafael, te estábamos esperando!
- Gabriel.- Siéntate estarás cansado.
- Rafael.- No, ya sabéis, ¡soy un buen caminante! Y esta vez he andado en tan buena compañía que el camino se me ha hecho corto.
- Miguel.- ¿A quién has acompañado?
- Rafael.- ¡Ah! Pero ¿no lo sabes?, vengo de dar escolta a la Señora y a San José desde Nazaret a Belén.
- Miguel.- Vamos, otro que tiene suerte! Estos sí que son encargos que da gusto cumplir.
- Rafael.- ¡Y que lo digas! El mejor viaje que he hecho en mi vida de trotamundos. Yo que he acompañado a tantísimos caminantes, no me había dado cuenta hasta ahora de lo hermosa que es mi misión. Ella me lo ha hecho comprender. He aprendido tantas cosas de Ella durante el camino…¡demasiado corto ha sido! Acabo de despedirme de Ella a las puertas de Belén, como me lo ordenaste , Gabriel.
- Gabriel.- Sí, allí el Ángel Hospedero, aposentador se ha encargado de buscarla alojamiento. Modesto, pero digno, donde pueda nacer el Mesías sin desdoro.
- Miguel.- Tengo hambre de oírte hablar de Ella, Rafael, cuenta, …cuenta…
- Rafael.- ¡Hablar de Ella? ¡Qué más quisiera yo! Pero no sé… no es posible: nuestro tosco lenguaje de ángeles no tiene palabras bastante altas y puras para hablar de Ella. ¡Qué reina vamos a tener los ángeles!
- Locutor.- Los tres arcángeles se extasían hablando de la Señor, que como la aurora acaba de atravesar los campos de Galilea y las montañas de Judea, llevando al sol en su seno… pero el timbre del teléfono se encarga de volverlos a la realidad.
- Teléfono.- Rin, Rin…
- Gabriel.- Coge el teléfono, Secretario. Si son los del seno de Abraham diles que…no estoy, ¡que tomen tila!
- Secretario.- Dígame…sí…no…está ocupado en este momento…¿Con quién tengo el honor de..? ¡Con el rey David! Caramba, tanto gusto, Majestad; permita que le felicite; soy un entusiasta de los salmos; los leo todas las noches antes de acostarme…sí…sí.
¿Cómo? ¡Que si hemos tenido en cuenta el salmo 71? Ya lo creo que sí: “los Reyes de Tarsis y los de las islas de Saba, le ofrecerán dones; los reyes de Tarsis y los de las islas de Arabia traerán presentes”. Sí, sí; todos están avisados, y el Faraón y el César de Roma del que no se hablaba todavía en tiempo de su Majestad…Sí, sí, todo está previsto. Hemos mandado a Rafael veloz, nuestro mejor mensajero, no faltará ninguno a los pies del Mesías, Majestad.
- Gabriel.- Vaya el rey David, también tiene miedo de que su profecía quede sin cumplir. ¡Cómo está hoy el limbo!
- Secretario.- Gracias a que no he olvidado nada, porque sino esta gente nos monda.
- Teléfono.- Rin. Rin
- Secretario.- Dígame…sí..¡Ah! eres tú (cambiando el tono) Es Rafael veloz, Gabriel, llama desde Roma.
- Gabriel.- Dime, dime, quiero hablar con él. Dime: sí, soy Gabriel. ¿Están todos avisados? ¿Qué? No es posible…¿Pero ninguno? ¡Qué barbaridad!...Vamos, vamos… Sí, sí,… nada, nada…no es culpa tuya…qué vamos a hacer, vuelve enseguida.
- Rafael y Miguel.- ..¿Qué pasa?
- Gabriel.- Pues nada, que no habrá ni un príncipe, ni un rey, ni un poderoso de la tierra que se acerque hoy a adorar al Mesías. ¿Queréis creer que nadie le ha hecho caso? ¡Se han reído de él!
- Miguel.- ¡Idiotas, mentecatos! Voy ahora mismo a exterminarlos.
- Gabriel.- No,…calma. La verdad es que…el Señor no me había dado órdenes de avisarlos. Lo hice por mi cuenta. Me daba pena que sólo hubiera rústicos pastores junto a la cuna. Pero por lo visto, así tenía que ser. Sólo tres reyezuelos de un país de Oriente han escuchado el mensaje que Ráfaga veloz ha hecho llegar por medio de una estrella. Estos se han puesto en camino para adorar al Niño, pero están tan lejos, tan lejos, que tardarán lo menos dos años en llegar.
- Rafael.- ¡Qué lástima! ¿Quieres que vaya a su encuentro y les facilite el camino?
- Gabriel.- No, no, déjalos. No puedes ausentarte ahora. Dios Padre y Dios Espíritu Santo están de retiro esperando el nacimiento de Dios hecho hombre. En cuanto nazca el Señor, nos convencerá a todos para anunciar la feliz nueva. Mientras tanto, vamos a reunirnos los tres en nuestra habitación para ultimar detalles… (cantan a coro).
- Gabriel.- (Chillando) ¡Cerrad las puertas! Vamos. Aquí no se puede hablar. Atiende el teléfono, Secretario.
- Secretario.- Bien.
- Gabriel.- Resuelve tú mismo los casos que se presenten. Como no sea algo importante no me llames, por favor. Mándame a Ana a mi habitación.
- Miguel.- ¿Ana?
- Gabriel.- Es Anastasio, pero le llamamos Ana para simplificar. Es mi ángel de confianza, ¿recuerdas?
- Miguel.- ¡Ah! Ya caigo.
- Locutor.- Son las once de la noche. Los tres arcángeles reunidos, dan los últimos toques al plan de la primera Nochebuena. En cuanto el Señor le haya dirigido el mensaje de Navidad, saldrá la escola a cantar el “Gloria Dios en las alturas”…sobre los campos de Belén, para avisar a los pastores del nacimiento del Mesías. Al mismo tiempo bajará el primer coro de ángeles para adorar al Niño. Los demás coros irán bajando por turnos. (Golpes a la puerta).
- Gabriel.- Bueno, se acabó la paz. Pasa.
- Secretario.- Perdona, Gabriel, pero he creído necesario traértelo en seguida.
- Gabriel.- ¿Qué pasa?
- Secretario.- Un telegrama urgente de Belén.
- Gabriel.- Será ángel aposentador. ¿Por qué no habrá llamado por teléfono?
- Secretario.- Las líneas están ocupadas. Hay dos horas de demora con Belén. No sé que ocurre.
- Gabriel.- (Leyendo) Afluencia imprevista de forasteros, empadronamientos. Stop. Espero instrucciones.
- Gabriel.- ¡Válgame Dios! En una cueva.
- Miguel.- Imposible, no podemos consentirlo. El Mesías no puede nacer en una cueva.
- Rafael.- ¡Jamás! Ese aposentador es un memo. No ha sabido espabilarse. Bajo yo un momento y los encuentro posada en menos que canta un gallo. ¿Quieres?
- Gabriel.- Espera… No sé… no veo claro, todos nuestros planes fracasan… Estoy adivinando en todo esto una misteriosa voluntad, superior a la nuestra… ¡convendrá tal vez que así suceda!
- Miguel.- ¡Quién sabe!... pero por lo menos, se nos permitirá adorar y adecentar ese mísero cobijo.
- Gabriel.- Tienes razón, Miguel. Esto es lo que nos toca hacer. Pronto, Secretario, dile a Ana que se las arregla con quien quiera, que saque gente de donde pueda, pero que mande inmediatamente cinco o seis coros de ángeles a Belén, para limpiar y adecentar la gruta en que va a nacer el Mesías. Él puede hacer maravillas, si quiere, en una hora.
(Barullo de voces afuera)
- Secretario.- Son Saltarín y Alborada, que vienen de la Tierra afectadísimos.
- Saltarín y Alborada.- (Entrando) ¡Gabriel, Gabriel! ¡Ya ha nacido el Mesías! ¡Acaba de nacer el Mesías!
- Gabriel.- ¡qué disparate estáis diciendo criaturas!
- Miguel.- Si no es la hora todavía; son las once y diez.
- Saltarín y Alborada.- ¡Que ha nacido! ¡Que ha nacido! ¡Lo hemos visto nosotros!
- Gabriel.- No habléis los dos a la vez. Uno sólo.
- Saltarín.- Nos habían mandado a Alborada y a mí a fregar estrellas…
- Alborada.- Y ya estábamos cansados de tanto sacar brillo…
- Saltarín.- Entonces se nos ha ocurrido hacer una escapadita hasta Belén para ver los preparativos del Nacimiento…
- Fregoteo.- Sin permiso ¿eh?
- Saltarín.- Perdona, Fregoteo… fue sin mala intención.
- Gabriel.- Bueno, terminad.
- Saltarín.- Pues en cuanto hemos llegado a Belén, nos encontramos al Ángel aposentador llorando a la entrada de una cueva.
- Alborada.- Así, así (imitando un sollozo) El pobre no podía decirnos lo que pasaba.
- Gabriel.- Pero, bueno, ¿qué pasaba? ¡Terminad de una vez!
- Saltarín.- Toma, pues eso, que acaba de nacer el Mesías en una cueva de gitanos.
- Alborada.- Nosotros lo hemos visto por una rendijita, ¿verdad? ¡Más bonito! Parecía una amapola en medio del heno.
- Gabriel.- Pero si no puede ser… no puede ser y no puede ser. Según las profecías tenía que nacer al filo de la medianoche.
- Alborada.- ¡Ah! ¿Pero es que no sabes que en Belén van a la hora oficial? Allí son las doce y cuarto.
- Saltarín.- ¡Y como el Verbo nace para dar a los hombres ejemplo de su obediencia en todo!
- Gabriel.- ¡Rayos del Sinaí! Ya podían haberme recordado este detalle los meticulosos soñadores del seno de Abraham. ¡La hora oficial! ¡Invento del demonio!Rafael.- Esto es aplastante. ¡Nacer el Mesías en una covacha!
- Alborada.- ¡Llena de telarañas!
- Todos.- ¡Horror!
- Saltarín.- ¡Y de estiércol!
- Todos.- ¡Horror!
- Alborada.- Entre un buey y una mula.
- Todos.- ¡Horror!
- Saltarín.- Sin más compañía que una bendita madre, el buen San José y…
- Todos.- ¡Horror! ¡Horror! ¡Horror!
- Rafael.- ¡Qué fracaso!
- Miguel.- ¿Qué dirá el Señor cuando se entere?
- Locutor.- Por supuesto el Señor estaba enterado ya, y cuando, minutos más tarde convocaba a toda la corte angélica en el gran salón del Trono y Gabriel, vencido y humillado, se postraba a sus pies, confesando el más inútil de los directores generales, el Señor se levantó benévolamente y sonriendo le decía: “Levántate, Gabriel, y no temas. Todo ha sucedido según mi voluntad incomprensible para ti. Mis caminos no son tus caminos, ni tus pensamientos los míos! Por muy arcángel que seas, Gabriel.
FIN
lunes, 4 de octubre de 2010
JACK, EL ESPANTAPÁJAROS. (OBRA NAVIDEÑA)
Narrador: Esta historia no sabemos como ocurrió. Llegó a nosotros como llegan tantas cosas queridas. Como llega el gozo, la nieve, el silencio de la Navidad. Empezó una noche muy fría y muy bella.
Cuando los ángeles cantaban el más asombroso de todos los mensajes y las estrellas florecían cristalinamente. Y la campana del pueblecito próximo comenzaba a anunciar la Misa del Gallo.
Sucedió en un campo medio abandonado, donde entre los guijarros, hongos y flores se había establecido una colonia de gnomos. Aquella noche se notaba que era una noche especial, de gozo. Salía de cada casa una canción que se repetía como un eco. Era la Nochebuena.
Sólo alguien que a la luz de las estrellas empezaba a distinguirse, estaba triste e inmóvil: Jack, un viejo espantapájaros con ojos buenos, su cara terrorífica y su paja. Sabía que era la última Navidad que pasaba sobre la tierra, y Jack tenía un enorme deseo: vivirla con los hombres, como uno de ellos.
GNOMO BERTOLDO: ¿Es que no has oído el despertador? Levántate, que son las once y media.
GNOMO ZENON:(metido detrás de una flor, no se le ve) Sólo cinco minutos más...
BERTOLDO: No, que llegarás tarde. ¡Si vieras que noche más maravillosa hace! Tenemos mil estrellas encima. Todo se ha puesto bonito para esperar al Niño Jesús que va a nacer.
ZENON:(se asoma por la flor, con un gorro de dormir ) ¿El Niño Jesús? ¡Si es Navidad! Y hoy nos reunimos todos los gnomos para celebrarlo.
JACK: Si yo pudiera andaría con vosotros para ser feliz.Pero me tendré que quedar aquí solo, clavado al suelo, oyendo todar las campanas ... Y ésta... ésta va a ser mi última Navidad...(rompe a llorar)
BERTOLDO: ¡Vamos, Jack, no te pongas trágico!
JACK: Las próximas lluvias me destrozarán, cuando llegue la nieve me iré deshilachando lentamente... esta es mi última Nochebuena. Me gustaría tanto pasar con los hombres mi última Navidad. Ser como uno de ellos cuando el Señor llegue. ¡Seguro que estarán todos pensando en Él para recibirle en su corazón!
ZENON: Los hombres, sólo entienden de dinero. Te cogerán cuando estés descuidado y ¡zas!te echarán a la chimenea.
JACK: Yo sólo quiero estar junto al pesebre esta noche, con ellos, y experimentar el gozo que siente un hombre cuando nace Jesús.
ZENON: ¿Y con qué te vas a acercar tú al pesebre, si no tienes nada? Sólo paja sucia.
JACK: Yo creo que a Dios no le importaría mi pobreza, sólo miraría mi corazón que le quiere de verdad.
(De repente, se cumple su deseo, y Jack comienza a vivir)
JACK: ¡Zenón, Bertoldo, puedo andar, como un hombre! ¡Me voy a la ciudad, con los hombres!
ESCENA SEGUNDA (Calles de una ciudad)
NARRADOR: Es nochebuena y la gente está contenta, pero ¿les llega esta alegría hasta dentro? ¿qué han puesto en su corazón?
(Aparecen en escena dos señoras)
SEÑORA 1: ¿Oye chica, dónde vas con estos pelos?
SEÑORA 2: A la peluquería, que esta noche voy de cena ¿y tú?
S. 1: Me voy a hacer la compra de Nochebuena. Lo he dejado todo para última hora y ahora ya casi me cierran.
JACK: Perdone, señora, ¿sería tan amable de decirme dónde va a nacer Jesús esta Navidad, que yo quiero verle.
S. 2: ¿Jesús? ¿Y quién es ese?
JACK: Sí, el niño que nació en Navidad , que es una fiesta muy grande de los cristianos.
S 1: ¿Qué cristianos? Mira pregunta ahí en la esquina , que hay unos jóvenes a ver si son de ese grupo.
(Jóvenes con atuendo especial de algún grupo urbano que esté de moda)
JACK: Buenas noches.
Un del grupo: Buenas noches, qué ¿te gusta nuestro traje? ¿quieres ser de los nuestros?
JACK.: Yo lo quiero es saber dónde va a nacer Jesús esta Navidad, para ir allí y verle.
Un H. K : Jesús... no lo conocemos. Espera, sí recuerdo algo de uno llamado Jesús de Nazaret, pero ese ya murió hace 2000 años. Anda y pregunta por ahí.
(El espantapájaros entra en un bar)
NARRADOR: Don Nicolás este año se ha preparado bien. Tiene turrones, vino, una buena despensa...
NICOLAS: (Canturreando alegre y frotándose las manos) “Pero mira como vienen los billetes al bolsillo, pero mira como vienen los billetes al bolsillo”... ¡Tendría que haber tres o cuatro nochebuenas al año: dejan la caja cargadita de dinero!
(Entra Jack)
JACK: ¡Feliz Navidad!
NICOLAS: ¡Eso, feliz Navidad!
JACK: Gracias. Esta noche merece celebrarse, nos enriquece ¿verdad?
NICOLAS: Ya lo creo, ¿a usted también? Pues vaya coincidencia.
JACK: Esta noche trae grandes beneficios para todos los hombres.
NICOLAS: ¡Hombre! Para todos no sé...
JACK. ¿No cree que todos participarán de los beneficios?
NICOLÁS: ¿Todos? No estará insinuando un sablazo. Le advierto que de los cien billetes grandes que honradamente he adquirido esta noche, nadie toca ni uno ¡ni uno! Para mí la nochebuena es un buen negocio y yo no trabajo para los demás.
JACK (triste se va hacia donde están sentados dos cacos bebiendo): entiendo,ha sido una desilusión grande. Yo creí que todos ustedes esperaban... pero me he equivocado.
PACO EL DUENDE: (Le dice en bajo a Pedrito)Esta noche entramos en la casa del tío Nicasio, mientras esté en la misa del gallo y nos hacemos de oro...
PEDRO: ¡Tú, Nicolás, otra botella! ¿Quién es ese pájaro solitario?
NICOLAS: Un personaje de circo.
PACO EL DUENDE: Pedro, el caballero desea un trago de eso que "incendia".(Le acercan un vaso)
JACK. ¡Gracias! ¡Parecéis contentos!
PACO (dando un codazo a Pedrito): Es que de aquí a poco vendrá una cosa gorda .
JACK: ¿Eso gordo es a las doce? ¿Va a pasar en la Misa del gallo?
PACO. Sí. Oye, oye, que tu sabes mucho.
JACK: Ya estaba anunciado por los profetas.
PACO: ¿Anunciado por los profetas? ¿Y a esos quién se lo ha dicho? (Volviéndose a Pedrito)
¡No habrás sido tú, chivato! (Lo agarra por la solapa) ¡Sucio, soplón! Ya sabía yo que no se podía confiar en tí. Todo el golpe magnífico se ha ido por el suelo.
PEDRO: Si no me sueltas, el golpe va a ir a tú ojo.
POLICIA: Hombre, ¡Paco el Duende y Pedrito! ¿Qué , tramando alguna sonada?
PACO: Es que no puede tomarse uno tranquilamente un chupito ni siquiera en Nochebuena.
(En bajo a Jack) y tú pájaro cierra el pico y vete.
(El Policía se los lleva)
ESCENA TERCERA
(Varios "macarras" de barrio)
MACARRA: -¿Qué pasa colega? ¿ Dónde vas con ese body y con esa ropa ?
JACK: ¿Sabéis dónde se celebra la Navidad?
MACARRA:. Mira "tronco", eso es cosa del Corte Inglés y de los curas. Anda y busca por ahí.
(En la puerta de la Iglesia, dos mendigos)
MENDIGO: Mira este qué listo... Esto ya está cogido, búscate otro sitio para pedir limosna....
JACK: Yo no quiero limosna, busco a Jesús, y quiero saber donde se celebra la Navidad, para pasarla con los hombres de buena voluntad.
(Pasan San José y la Virgen)
SAN JOSE: Buenas noches, ¿podrían socorrernos por amor de Dios? El Señor se lo pagará, si pudieran...
MENDIGOS (le dan todos dinero): Tome, buen hombre, parece que su mujer está a punto de dar a luz.
SAN JOSÉ: Sí, el niño ya va a nacer, pero no necesito dinero; yo lo que necesito es algo para poder recostar al niño en la cueva donde nos han dejado pasar esta noche, y que esté calentito.
MENDIGO.pues nosotros no tenemos cunas ni nada parecido.
JACK. Espere! Yo no tengo nada, ni dinero, ni cuna, pero tengo paja. Tómela toda.
(Se arranca un brazo )
SAN JOSE: Con esta es suficiente, gracias, muchas gracias, El Señor se lo pagará. Así el niño estará calentito. ¡Que Dios le bendiga! (San José y la Virgen se alejan)
(Jack, . Comienza a desfallecer, los mendigos le atienden, murmura): Va a nacer un niño y tendrá algo caliente donde recostarse, es muy poco, sólo paja.
NARRADOR. Jack se fue al Cielo, el Señor el premió su gran corazón. La Navidad es darse. Jack lo hizo, Jesús nació en su corazón. Quiere nacer en el tuyo ¿Le dejarás?
Narrador: Esta historia no sabemos como ocurrió. Llegó a nosotros como llegan tantas cosas queridas. Como llega el gozo, la nieve, el silencio de la Navidad. Empezó una noche muy fría y muy bella.
Cuando los ángeles cantaban el más asombroso de todos los mensajes y las estrellas florecían cristalinamente. Y la campana del pueblecito próximo comenzaba a anunciar la Misa del Gallo.
Sucedió en un campo medio abandonado, donde entre los guijarros, hongos y flores se había establecido una colonia de gnomos. Aquella noche se notaba que era una noche especial, de gozo. Salía de cada casa una canción que se repetía como un eco. Era la Nochebuena.
Sólo alguien que a la luz de las estrellas empezaba a distinguirse, estaba triste e inmóvil: Jack, un viejo espantapájaros con ojos buenos, su cara terrorífica y su paja. Sabía que era la última Navidad que pasaba sobre la tierra, y Jack tenía un enorme deseo: vivirla con los hombres, como uno de ellos.
GNOMO BERTOLDO: ¿Es que no has oído el despertador? Levántate, que son las once y media.
GNOMO ZENON:(metido detrás de una flor, no se le ve) Sólo cinco minutos más...
BERTOLDO: No, que llegarás tarde. ¡Si vieras que noche más maravillosa hace! Tenemos mil estrellas encima. Todo se ha puesto bonito para esperar al Niño Jesús que va a nacer.
ZENON:(se asoma por la flor, con un gorro de dormir ) ¿El Niño Jesús? ¡Si es Navidad! Y hoy nos reunimos todos los gnomos para celebrarlo.
JACK: Si yo pudiera andaría con vosotros para ser feliz.Pero me tendré que quedar aquí solo, clavado al suelo, oyendo todar las campanas ... Y ésta... ésta va a ser mi última Navidad...(rompe a llorar)
BERTOLDO: ¡Vamos, Jack, no te pongas trágico!
JACK: Las próximas lluvias me destrozarán, cuando llegue la nieve me iré deshilachando lentamente... esta es mi última Nochebuena. Me gustaría tanto pasar con los hombres mi última Navidad. Ser como uno de ellos cuando el Señor llegue. ¡Seguro que estarán todos pensando en Él para recibirle en su corazón!
ZENON: Los hombres, sólo entienden de dinero. Te cogerán cuando estés descuidado y ¡zas!te echarán a la chimenea.
JACK: Yo sólo quiero estar junto al pesebre esta noche, con ellos, y experimentar el gozo que siente un hombre cuando nace Jesús.
ZENON: ¿Y con qué te vas a acercar tú al pesebre, si no tienes nada? Sólo paja sucia.
JACK: Yo creo que a Dios no le importaría mi pobreza, sólo miraría mi corazón que le quiere de verdad.
(De repente, se cumple su deseo, y Jack comienza a vivir)
JACK: ¡Zenón, Bertoldo, puedo andar, como un hombre! ¡Me voy a la ciudad, con los hombres!
ESCENA SEGUNDA (Calles de una ciudad)
NARRADOR: Es nochebuena y la gente está contenta, pero ¿les llega esta alegría hasta dentro? ¿qué han puesto en su corazón?
(Aparecen en escena dos señoras)
SEÑORA 1: ¿Oye chica, dónde vas con estos pelos?
SEÑORA 2: A la peluquería, que esta noche voy de cena ¿y tú?
S. 1: Me voy a hacer la compra de Nochebuena. Lo he dejado todo para última hora y ahora ya casi me cierran.
JACK: Perdone, señora, ¿sería tan amable de decirme dónde va a nacer Jesús esta Navidad, que yo quiero verle.
S. 2: ¿Jesús? ¿Y quién es ese?
JACK: Sí, el niño que nació en Navidad , que es una fiesta muy grande de los cristianos.
S 1: ¿Qué cristianos? Mira pregunta ahí en la esquina , que hay unos jóvenes a ver si son de ese grupo.
(Jóvenes con atuendo especial de algún grupo urbano que esté de moda)
JACK: Buenas noches.
Un del grupo: Buenas noches, qué ¿te gusta nuestro traje? ¿quieres ser de los nuestros?
JACK.: Yo lo quiero es saber dónde va a nacer Jesús esta Navidad, para ir allí y verle.
Un H. K : Jesús... no lo conocemos. Espera, sí recuerdo algo de uno llamado Jesús de Nazaret, pero ese ya murió hace 2000 años. Anda y pregunta por ahí.
(El espantapájaros entra en un bar)
NARRADOR: Don Nicolás este año se ha preparado bien. Tiene turrones, vino, una buena despensa...
NICOLAS: (Canturreando alegre y frotándose las manos) “Pero mira como vienen los billetes al bolsillo, pero mira como vienen los billetes al bolsillo”... ¡Tendría que haber tres o cuatro nochebuenas al año: dejan la caja cargadita de dinero!
(Entra Jack)
JACK: ¡Feliz Navidad!
NICOLAS: ¡Eso, feliz Navidad!
JACK: Gracias. Esta noche merece celebrarse, nos enriquece ¿verdad?
NICOLAS: Ya lo creo, ¿a usted también? Pues vaya coincidencia.
JACK: Esta noche trae grandes beneficios para todos los hombres.
NICOLAS: ¡Hombre! Para todos no sé...
JACK. ¿No cree que todos participarán de los beneficios?
NICOLÁS: ¿Todos? No estará insinuando un sablazo. Le advierto que de los cien billetes grandes que honradamente he adquirido esta noche, nadie toca ni uno ¡ni uno! Para mí la nochebuena es un buen negocio y yo no trabajo para los demás.
JACK (triste se va hacia donde están sentados dos cacos bebiendo): entiendo,ha sido una desilusión grande. Yo creí que todos ustedes esperaban... pero me he equivocado.
PACO EL DUENDE: (Le dice en bajo a Pedrito)Esta noche entramos en la casa del tío Nicasio, mientras esté en la misa del gallo y nos hacemos de oro...
PEDRO: ¡Tú, Nicolás, otra botella! ¿Quién es ese pájaro solitario?
NICOLAS: Un personaje de circo.
PACO EL DUENDE: Pedro, el caballero desea un trago de eso que "incendia".(Le acercan un vaso)
JACK. ¡Gracias! ¡Parecéis contentos!
PACO (dando un codazo a Pedrito): Es que de aquí a poco vendrá una cosa gorda .
JACK: ¿Eso gordo es a las doce? ¿Va a pasar en la Misa del gallo?
PACO. Sí. Oye, oye, que tu sabes mucho.
JACK: Ya estaba anunciado por los profetas.
PACO: ¿Anunciado por los profetas? ¿Y a esos quién se lo ha dicho? (Volviéndose a Pedrito)
¡No habrás sido tú, chivato! (Lo agarra por la solapa) ¡Sucio, soplón! Ya sabía yo que no se podía confiar en tí. Todo el golpe magnífico se ha ido por el suelo.
PEDRO: Si no me sueltas, el golpe va a ir a tú ojo.
POLICIA: Hombre, ¡Paco el Duende y Pedrito! ¿Qué , tramando alguna sonada?
PACO: Es que no puede tomarse uno tranquilamente un chupito ni siquiera en Nochebuena.
(En bajo a Jack) y tú pájaro cierra el pico y vete.
(El Policía se los lleva)
ESCENA TERCERA
(Varios "macarras" de barrio)
MACARRA: -¿Qué pasa colega? ¿ Dónde vas con ese body y con esa ropa ?
JACK: ¿Sabéis dónde se celebra la Navidad?
MACARRA:. Mira "tronco", eso es cosa del Corte Inglés y de los curas. Anda y busca por ahí.
(En la puerta de la Iglesia, dos mendigos)
MENDIGO: Mira este qué listo... Esto ya está cogido, búscate otro sitio para pedir limosna....
JACK: Yo no quiero limosna, busco a Jesús, y quiero saber donde se celebra la Navidad, para pasarla con los hombres de buena voluntad.
(Pasan San José y la Virgen)
SAN JOSE: Buenas noches, ¿podrían socorrernos por amor de Dios? El Señor se lo pagará, si pudieran...
MENDIGOS (le dan todos dinero): Tome, buen hombre, parece que su mujer está a punto de dar a luz.
SAN JOSÉ: Sí, el niño ya va a nacer, pero no necesito dinero; yo lo que necesito es algo para poder recostar al niño en la cueva donde nos han dejado pasar esta noche, y que esté calentito.
MENDIGO.pues nosotros no tenemos cunas ni nada parecido.
JACK. Espere! Yo no tengo nada, ni dinero, ni cuna, pero tengo paja. Tómela toda.
(Se arranca un brazo )
SAN JOSE: Con esta es suficiente, gracias, muchas gracias, El Señor se lo pagará. Así el niño estará calentito. ¡Que Dios le bendiga! (San José y la Virgen se alejan)
(Jack, . Comienza a desfallecer, los mendigos le atienden, murmura): Va a nacer un niño y tendrá algo caliente donde recostarse, es muy poco, sólo paja.
NARRADOR. Jack se fue al Cielo, el Señor el premió su gran corazón. La Navidad es darse. Jack lo hizo, Jesús nació en su corazón. Quiere nacer en el tuyo ¿Le dejarás?
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EL ESPANTAPÁJAROS,
TEATRO DE NAVIDAD: JACK
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